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Cierto, debió ser mejor, tenía material para ser mejor, porque la historia escrita por Francis Disla, Juan Namnun y Yarissa Rodríguez daba buen pie para una apreciable comedia paródica. Pero resbala, lamentablemente.
Resbala porque algunas de las secuencias resultan algo confusas y sobre todo bastante exageradas; la inicial, en la calle El Conde, a ratos hace que nos perdamos en detalles rápidos no muy precisados, y la del tiroteo en el súper mercado es aún más confusa y exagerada, no resulta creíble,
Pero, además, aunque el personaje de Fausto Mata, Juan Sánchez, un infeliz a quien todo le sale mal pero cuyo único deseo es llegar a ser un policía investigador importante, no deja de resultar de entrada interesante, cuando forma la dupla con Pedro, el policía veterano que interpreta Manolo Ozuna; Disla, en lugar de hacerles ver como una pareja que no se complementa bien y que en realidad falla por ello, no pasa un minuto sin que les ponga a hacerse muecas uno con otro, a decir disparates y necedades que, bien, son parte de la forma de ser de Juan, pero no se supone debía ser la de Pedro.
Otro detalle: demasiados disparos sin que veamos los resultados: claro que caen algunos heridos o muertos, pero disparar de un carro a otro docenas de balazos sin que apenas veamos unos pocos agujeros nos deja pensando en lo deficientes que son los dos bandos en materia de su propio oficio: policías y rufianes.
Las actuaciones no son sobresalientes, el mejor personaje a nuestro modo de ver las cosas es el del jefe mafioso amanerado y peculiar, casi un modelo de pasarela asesino. Sebastián Rulli sale bien librado, pero Mata y Ozuna caricaturizan demasiado, exageran sus personajes. Ser flojo en un oficio no significa ser un estúpido, y ser serio requiere seriedad en ese oficio, aún en una comedia, o sea, tiene que ser la pared inconmovible ante la cual se estrella el inservible de turno. Y eso debe acentuar el carácter paródico del filme. Mejor suerte la próxima.

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